El coronel José Manuel Pando armó su estrategia para llegar al gobierno comprendiendo la importancia de la fuerza quechuaymara, de ahí que busca la amistad de uno de los mas respetados lideres del movimiento Comunero, Pablo Zárate “El WILLKA”, con quien terminan siendo compadres, el odio a los actos de Melgarejo los unía.

En 1896 Pando se postula y es apoyado por las autoridades comunales que mandan gente el 6 de mayo para proclamarlo y gritan ¡Wewa Pantu!. Gana Alonso y los liberales declaran que hubo fraude.

Simultáneamente, la guerra aymara avanza, liberándose del yugo servicial que los persigue, recuperándose varias comunidades, las minorías están atemorizadas ante estas tendencias devastadoras de sus privilegios. Se reúnen los dos candidatos, pero la ambición por el poder los separa.

Pando manda delegaciones a las comunidades aduciendo que los culpables de los despojos y las masacres son los conservadores, al mismo tiempo busca a Zárate Willka y le dice: “Tu me ayudas con los indios en la guerra civil. Los blancos del sur, los k’aras de Chuquisaca, son tus enemigos y son mis enemigos; lucharemos contra ellos; y después de la victoria, yo seré el Primer Presidente y tú serás el Segundo Presidente de Bolivia; y devolveremos a los indios sus tierras; que arrebató Melgarejo... te doy el grado militar, igual al mío... serás el coronel Willka” (Mallo, Nicanor. ESTUDIOS HISTORICOS SOBRE LA REVOLUCION FEDERAL).

Una vez sentado en la silla presidencial el “amigo y compadre” ve con inquietud que los indios son de hecho parte del gobierno, pero el hablar y el pensar progresista, no es determínate cuando se trata de actuar defendiendo los privilegios de su élite, de su clase y de su raza, que no pueden pensar en soluciones democráticas, frenando los conflictos cumpliendo sus promesas, fue mas fácil para el liberalismo usar los ejércitos y someter la efervescencia revolucionaria campesina, evitando el desarrollo indio para de esa manera conservar el servicio gratuito a los finqueros.

El objetivo real fue masacrar a las comunidades sublevadas y hacerle un campo a los extranjeros que vienen a colonizarlos, mientras que nosotros fuimos hasta prohibidos de entrar a la capital para evitar el desborde del monstruo racial. Lo dijo el presidente liberal Ismael Montes: “... una nación sólidamente constituida y culta, con leyes que respeten la adjudicación de tierras y garanticen las corrientes de inmigración, porque éstas cambiarán las desiertas llanuras y valles en poblaciones y campos habitados y prósperos donde reina la civilización". Con los consabidos resultados que observamos en forma cotidiana.

Pueden decir lo que quieran, pero NUESTRO ODIO NO ES A LAS RAZAS, ES A SUS ACTOS, A SU TRADICION...