La
escuela ayllu está unida al nombre del Tata Santiago Poma, Aymara de la legendaria
Achaqachi quien a fines del siglo
XIX,
quiso levantar una escuela en su comunidad, por eso fue capturado y conducido
a la cárcel, arrastrado por los caballos de los soldados, flagelado, torturado
y encarcelado por tres años; fue perseguido, su propiedad robada y su familia
hostigada. ¡Delito tremendo para un Indio en Bolivia, anhelar su propia educación!
Ya anciano, Poma tuvo fuerzas para ayudar en la construcción de Warisata y dejó
un mensaje que debe ser recordado: "Hace tiempo alcancé a levantar una pequeña escuela para los niños
de la comunidad. Este acto, fue interpretado como un incalificable delito, y
un día …con otros compañeros más, fui conducido a la cárcel de la capital, atado
a la cola de los caballos que montaban los soldados. Mientras tanto, impunemente,
las barretas de los opresores se encargaban de consumar la obra destructora...
El edificio de la escuela fue demolido. Llegado a la cárcel el fiscal me hizo
flagelar… y luego dispuso mi encarcelamiento, que duró tres años… Hoy me hallo
reducido a la condición de colono, que quiere decir esclavo. Esta escuela /Warisata/
objeto de nuestras preocupaciones y desvelos, es de los indios, y yo…tomo posesión
de ella en nombre de nuestros abuelos"
Lleva
también esta escuela, los sueños y la lucha de Avelino Siñani quien dio su vida
por la construcción de la Educación Aymara y fue perseguido sañudamente por
la Bolivia criolla, fue preso y torturado, su hijo de 18 años fue maltratado
hasta ser muerto y su hermano apresado, por el delito terrible en la Bolivia
criolla, de fundar escuelas. Cuando Warisata fue destruida el Tata Siñani se
murió de pena. Claro que antes fue perseguido, encarcelado y flagelado. Avelino
Siñani tuvo una visión educacional muy clara, a principios de 1900 estableció
varias escuelas ambulantes indigenales manejadas por los Aymaras mismos (ningún criollo quería
oficiar de maestro) con toda la filosofía Aymara de unión de trabajo, teoría
y la reproducción de la ciencia y cultura indígena.
Las
escuelas indígenas Aymaras, fueron objeto de una sañuda represión por parte
de diferentes gobiernos bolivianos y también por los gamonales latifundistas
que las acusaron de subvertoras del orden y racistas, desechando su grandeza
calificándola de utópica y mesiánica. Cada uno de los Aymaras y algunos bolivianos
solidarios con este proyecto (como Elizardo Perez, Fausto Aoiz, y otros) fueron
perseguidos.
La normal fue levantada en 1930 con jornadas de trabajo voluntarias de los comunarios Aymaras, con sus propios aportes, con admirable organización, constancia, tecnología y arte. Así, se construyeron por ejemplo un acueducto, talleres de experimentación, aulas e internados que sirvieron a la escuela. Obras que serían destruidas luego por los bolivianos mestizos.
Desde 1900 al actual año 2003 ha pasado bastante agua
bajo el puente, son 103 años y seguimos gobernados por extranjeros que nos odian.
La "Masacre de Warisata" realizada el 20 de septiembre del 2003 por
órdenes del gobierno de la alianza de partidos racistas y de extrema derecha
(MNR, MIR, NFR, UCS) nos ha mostrado que las visiones de mundo de criollos e
indígenas poco han cambiado.
El ex-ministro de gobierno el yugoslavo Yerko Kukoc se apresuró en ordenar la detención de catedráticos y estudiantes y afirmó firmemente que "Desde hace tiempo, tenemos información de gente con ideas radicales. Son intelectuales que quieren dar formación altamente radicalizadas".
”ESCUELA AYLLU” Escuela integral
Esta educación es integral
porque abarca todas las formas inherentes a un organismo educativo, porque saliendo
de su recinto, se extiende a la
comunidad
en su conjunto, combinando aula, tierra y taller, lo que significa la formación
de un hombre estudioso, trabajador de la tierra y capaz de producir con los
recursos del medio ambiente. Estas proposiciones, fueron un desafío respondido
con increíble imaginación, fuerza y convicción y asi Warisata se adelantó a
las más recientes concepciones educativas. Mencionaremos algunas:
Supresión del horario, lo que, lejos de sembrar
el desorden, facilitaba las labores a un grado asombroso.
Supresión de exámenes, eliminando esa carga
que pesaba sobre los niños como una pesadilla y muy normal en las escuelas europeas.
La co-educación, o sea la educación sin discriminación
de sexos. Su consecuencia, el internado mixto, fue admitida de modo tan natural
en Warisata, que nunca dio lugar a la menor nota negativa en la relación entre
ambos sexos.
La reducción del tiempo de escolaridad. Warisata
tenía un Jardín Infantil, al que ingresaban niños de cuatro a siete años de
edad; una sección Prevocacional o Elemental con tres años de duración, una sección
Vocacional, también de tres años, y una sección Profesional que, con la sección
Normal, no tenía un plazo fijo.
El bilingüismo en la enseñanza, que nunca
fue problema en Warisata.
La formación o educación del espíritu a través
del trabajo, restablecimiento de la moral
aimaro-quechua
en toda su dimensión.
El desarrollo de cualidades y aptitudes psicomotoras
mediante la plástica, la música y la educación física, problema hasta ahora
escasamente comprendido por la docencia boliviana.
La reducción de la carga curricular suprimiendo
todo aquello que no correspondiera a las necesidades inmediatas de la vida campesina.
La alimentación y la higiene, como bases
para un desarrollo mental, solucionadas en gran medida con los internados.
Por último, esa decisión inadmisible en la
actual educación campesina, de suprimir también las vacaciones anuales, pues
siendo una empresa de actividad permanente, siendo la vida misma de la comunidad,
no reducida al aula, no tenía sentido interrumpirla ni un solo día.
Con
este sistema, la escuela ayllu se autoabastecía y no tenia casi la necesidad
de la ayuda del Estado. Warisata llegó a tener más de doscientos
niños internos de ambos sexos, mantenidos
con los propios recursos de la Escuela, que tenía sus despensas llenas hasta
el techo, resultado de una alta productividad agrícola. Nuestras aulas eran
limpias, amplias, con grandes ventanales, con piso machihembrado, dotadas de
mesas, bancos y sillas fabricados todos en nuestros talleres. Los jardines tenían
flores aún en lo más crudo del invierno; cada curso tenía lotes de experimentación
de cultivos—refuerzo considerable en su alimentación—bordeados de eucaliptos,
pinos, kollis y kiswaras.
Nuestros
campos solían ser los únicos que, mediante riego y abono, reverdecían en el
gris del altiplano, quemado por la sequía. La escuela resplandecía de limpia,
sin una mancha, sin una raya; nuestros internos dormían en catres de hierro
hechos en la misma escuela, con higiénicos colchones de totora (kesanas) tejidos
por ellos mismos o por sus padres. Los niños crecían sanos y fuertes, bien alimentados
y vestidos y con admirables condiciones para el trabajo.
Resumen basado en: "Warisata en la masacre aymara" de Marina Ari (Bolpress.com) y "¡Warizata mia!" de Carlos Salazar M.